Senda de héroes
Senda de héroes Y de súbito, del extremo más alejado del rebaño, llegó el trueno de un pataleo formidable que ahogaba gritos y disparos. El penetrante chillido que profirió Sterl llegó a sus propios oídos como un susurro. Para el vaquero aquel ruido no era desconocido. Un escalofrío corrió por su espalda. ¡La vacada de Ormiston se lanzaba directamente a chocar contra el frente en giro de aquella vasta cuña de ganado! Sterl se fijó en el vaquero que quedaba cogido como en una trampa dentro del espacio que se estrechaba con gran rapidez. El hombre había visto el peligro que corría, pero cometió el error de querer escapar por delante con la esperanza de librarse de la tenaza que se cerraba. Sin embargo, sus cálculos no tuvieron en cuenta el curvilíneo movimiento del frente de la manada mayor ni la velocidad de la más pequeña. El vaquero se encontró con el paso cortado, preso entre las dos. Un momento más tarde, los dos frentes se confundían en un impacto terrible. Sterl vio cómo el caballo blanco y su jinete se hundían en un mar de cuernos, de cabezas y de polvo...