Senda de héroes
Senda de héroes Bien, tengo el presentimiento de que habrá otra muerte, sangrienta pronto, entre nosotros, y a mà me darán ganas de reÃr.
Stanley Dann galopó a lo largo de la franja de terreno que las pezuñas de los animales habÃan dejado removido, contemplando los cuerpos aplastados y sanguinolentos de los bueyes muertos y aquellas cabezas grotescas con los cuernos apuntando hacia el cielo, las bocas abiertas, la lengua colgando y los ojos sin vida que miraban con fijeza.
—Sterl, ¿qué cuenta te sale? —preguntó concisamente.
Sterl respondió extendiendo los brazos con ademán implorante:
—Patrón, preferirÃa no decirlo. Mis cálculos no son más que aproximados. Red ha sido siempre el perito más cuidadoso y digno de confianza para contar un lote de ganado de nuestras praderas.
—Muy bien, Red. Cierto que no podÃas merecer más alta recomendación. ConfÃo en ti.
¿Cuántos son? Red contestó con aire de perfecta sinceridad.