Senda de héroes
Senda de héroes Aquella noche partieron la guardia en dos turnos; la mitad de los vaqueros estarÃa de vigilancia hasta las doce, y la otra mitad hasta la salida del sol. La precaución no era necesaria, pues, como Sterl explicó a Slyter, los animales se hallaban demasiado cansados incluso para pastar. A la mañana siguiente Friday saludó al vaquero con un enigmático:
—Negros estar muy cerca.
—¿Negros malos, Friday?
—Algunos, quizás. Haber muchos negros.
Sterl sintió curiosidad.
—¿Cómo lo sabes?
—Lubra decirlo.
Sterl transmitió la noticia a Slyter, y éste exclamó que ya casi era tiempo.
—Excepto una vez —siguió diciendo—, los aborÃgenes no nos han dado que hacer. Y precisamente esperábamos que fueran el peor de nuestros tormentos.
—Todo venir en abundancia más tarde —puntualizó Friday con su aire de misterio.
—¿Qué dispone usted, Slyter? —inquirió Sterl.
—Transportaremos las carretas a la otra parte del rÃo.
—Bien, será un trabajo divertido. ¿Por dónde? —intervino Red.
—Algo más arriba del paraje por donde atravesó ayer la vacada.