Senda de héroes
Senda de héroes Otra sucesión de millas, que les parecieron cortas por lo interesantes, les llevaron a una llanura cruzada por un arroyo bordeado de árboles en pleno follaje, llenos de flores amarillas, a los que Jones denominó acacias espinosas. El vaquero hizo alto para que los caballos bebieran y descansaron y para dejar que los otros vehÃculos se unieran a ellos. Red empezó a trabar amistad con los otros componentes del equipo, tarea fácil para nuestro simpático y locuaz vaquero. Aquellos hombres parecÃan pertenecer a un tipo más desarrollado y musculoso que el campesino americano, y, ciertamente, se diferenciaban mucho del vaquero escurrido, esbelto y estrecho de caderas. Encendieron fuego y se pusieron a preparar el té, operación a la que Jones dio el nombre de «hervir las porras». Sterl lo cató, y como no estaba habituado ni siquiera al té americano, hizo este comentario:
—Ahora comprendo por qué vosotros, los ingleses, sois tan fuertes.
Red, por su parte, con una mueca que surcaba de arrugas su rostro, masculló:
—Estoy seguro de que serÃa capaz de cabalgar dÃas enteros alimentándome con esa bebida.
Al llegar a la orilla de un arroyo, en otro valle verde Jones escogió un espacio libre a la vera de un gran árbol gomero y ordenó hacer alto para acampar.
—Bueno, Rol, ¿qué tenemos que hacer mi camarada y yo? —preguntó el genial Red.