Senda de héroes
Senda de héroes —Depende de vuestras aptitudes. ¿Qué sabéis hacer vosotros, los yanquis? —replicó Jones, como si quisiera informarse de verdad.
Red clavĂł en el guĂa una mirada de gran intensidad y dijo con desdĂ©n:
—Bien; ahorrarĂamos tiempo si preguntara quĂ© es lo que no sabemos hacer. Además de poseer todas las mañas de los vaqueros, tales como cabalgar, manejar la cuerda, disparar..., sabemos ser cazadores, matarifes, cocineros; sabemos hacer galletas y pasteles de levadura, herrar caballos, remendar correas de la silla, trenzar cuerdas, partir leña, encender fuego en tiempo hĂşmedo, vendar heridas, arreglar huesos rotos, fumar, beber, jugar al pĂłquer y pelear.
—Observo que te olvidaste de una cosa, Red, y es que sabĂ©is... charlar —replicĂł Jones todavĂa con una cara tan seria como la de un juez.
¿S�... Pero, bromas aparte, ¿qué debemos hacer?
—Cualquier cosa a la que podáis echar una mano —respondió el conductor alegremente.
Uno por uno, los otros carruajes se pusieron en cĂrculo. Aquellos hombres eran eficientes y se mostraban habituados de tiempo a las tareas que da el acampar. El que hacĂa de cocinero, conocĂa bien su oficio.
—Es fácil cuando uno dispone de todo —dijo a Sterl. —Pero cuando salimos al campo sin otra cosa que carne, té y galletas, entonces, ningún cocinero es bueno.