Senda de héroes
Senda de héroes —Bien; y pidiéndole que me perdone, patrón, si usted me preguntara le dirÃa que no se ha perdido un gran afecto en el caso de Spence, y si Bedford reventara, ello serÃa, sencillamente, un buen trabajo nocturno —replicó Red con tranquila flema.
Stanley contestó con voz breve:
—No le pido sus opiniones, Krehl.
—Lo siento, patrón; pero tendrá que escucharlas, de todos modos.
Sterl puso una aplacadora y persuasiva mano en el hombro de su amigo. Pero estaba contento de que el vaquero hubiese hablado claro. Él también estaba cansado de reservas y subterfugios.
—¿Para qué nos ha llamado, señor? —repitió en tono apaciguado.
—Muchachos, he preferido decÃrselo yo mismo, antes de que se enteraran por otros.
Quiero persuadirles para que lo vean a mi manera. He llegado a poner confianza en ustedes.
¿Puedo exigirles la promesa de que no derramarán sangre, excepto en caso de apremiante necesidad, en defensa propia?
Sterl sintió renacer instantáneamente la simpatÃa para aquel hombre tan grande, asediado por las tribulaciones.
—SÃ, señor, por mi parte puede. Tú lo prometerás también, ¿verdad, Red?