Senda de héroes
Senda de héroes —Tres carretas —dijo—. Todas cargadas hasta los topes. Diez o doce millas por dÃa es todo lo que pueden hacer con este terreno. Tres jinetes las acompañan, los cuales supongo que serán Ormiston, Jack y Bedford. Ellos abrirán camino delante del ganado.
—Perfectamente, Red. Supongamos que hayan levantado el campamento cosa de una hora después de clarear el dÃa... —intervino Sterl—. ¿Alguien tiene reloj?
—Las nueve y media —respondió Drake.
Sterl y sus jinetes emprendieron un galope, seguidos sin dificultad por Friday, que corrÃa a pie. El negro tenÃa una zancada maravillosa y cubrÃa el terreno con la misma elasticidad que un indio. Red siguió las huellas de las ruedas por espacio de una milla, hasta que desaparecieron borradas por las pisadas del ganado. Al poco trecho, el ancho y profundo rastro de los animales que habÃan cruzado el rÃo se unÃa con el de la vacada mayor.
—Una de esas colinas de ahà delante nos permitirá... ¡Mira aquÃ! —Red se interrumpió saltando de la silla para recoger algo. Era uno de los pañuelos que habÃa regalado a Beryl por Navidad.
Al ver a su compañero guardando cuidadosamente el objeto en el interior de su chaqueta de cuero, Sterl pensó que no hubiera querido hallarse por nada del mundo dentro del pellejo de aquel salteador.