Senda de héroes
Senda de héroes —¡Quieto! —susurró Sterl, dando unas palmaditas sobre el cuello del animal—. ¿Quieres estropear la reunión de sociedad?
Transcurrieron unos momentos más antes de que el oÃdo atento de Sterl percibiese un crujido de ruedas. King levantó la cabeza. El caballo habÃa recibido en entrenamiento excelente, pero no llegaba hasta el punto de hacerle mantener quieto y callado. Sterl se acercó al animal y le cogió de la brida. El batir de cascos de caballo resonaba a través de la maleza.
Al fin, aparecieron a la vista cuatro caballos tirando afanosamente, luego se vio la carreta con su vela de lona, después el corpulento conductor con el látigo en la mano. Era Jack. Un escalofrÃo helado recorrió el cuerpo de Sterl. Pero sus pensamientos se encadenaban velozmente. EsperarÃa hasta que las bestias hubiesen llegado casi a su altura, entonces se pondrÃa al descubierto, se encararÃa con Jack, y le obligarÃa a bajar.
Se oyó el estallido de un disparo que rompió en oleadas el silencio reinante. Era el Colt del 45 de Red, que habÃa tomado la palabra, y al cual siguió inmediatamente una detonación más fuerte.