Senda de héroes
Senda de héroes Red se marchó debajo los gomeros que goteaban, manteniéndose a la izquierda de la trayectoria que esperaba seguirían las carretas, y pronto desapareció entre la maleza verde gris. Sterl escogió para abrigo un grupo de retoños lo suficiente apiñados y cubiertos de follaje para proporcionar un escondite relativamente seguro. En seguida desmontó, sacó el rifle de la funda de la silla, quitó la cubierta impermeable y se la puso en el bolsillo; apoyó el arma sobre el vástago más recio y acariciando a King para apaciguarle, oteó a través de los húmedos matorrales.
Durante una espera tensa como aquélla era casi imposible no pensar. Sterl observó en sí mismo que esta tarea no le causaba disgusto ni remordimiento. No dispararía desde su escondite, a pesar de que en otras ocasiones había tomado represalias sobre los pieles rojas por aquel mismo delito de Ormiston y su pandilla. Pero quería verse cara a cara con Jack o con Bedford.
Naturalmente, su cerebro se interesaba también por su camarada. Sterl hubiera preferido hallarse al lado de Red por más de una razón. Podía ocurrir que la vida de Beryl estuviera en juego y en tal caso él sería capaz de cualquier acto temerario, incluso de sacrificar la suya propia. Además, Sterl sentía un deseo irrefrenable de presenciar el encuentro de Ormiston con el vaquero.
De pronto, King sufrió un ligero estremecimiento y enderezó las orejas. El caballo había oído algo.