Senda de héroes
Senda de héroes —¡Ahuh! Pero eso es un trail, Rol. ¡Vaya, no vas a divertirte cuidando de nuestra educación! AquÃ, mi amigo Sterl, tuvo su madre que era maestra de escuela, y él es un hombre listo.
El sol se inclinaba sobre el horizonte; su resplandor se debilitaba adquiriendo un matiz rosa y oro. SerÃa un poco antes del atardecer cuando Jones llegó a la linde de la maleza que por tantas horas le habÃa atraÃdo como un señuelo. Sobre un trozo de terreno libre, a la orilla de una pequeña corriente de perezoso curso, quedaban señales de muchas hogueras.
Sterl levantó el brazo, señalando unas formas que se veÃan al otro lado del riachuelo, y gritó:
—¡Mirad!
Eran, efectivamente, nativos, pero al verles distintamente uno quedaba desconcertado por la primera impresión que causaba su aspecto.
—Un hombre negro, con su mujer, su hija y algunos chiquillos —dijo Jones.
—¡Santos Inocentes! —exclamó Red—. Tienen figura humana, pero... —el camarada de Sterl, con su agudeza natural, habÃa dado en el clavo.