Senda de héroes
Senda de héroes Red entró en el rÃo, con Larry pegado a un lado y Rollie al otro. Leslie esperaba a Sterl, el cual antes de ponerse en marcha, se quedó contemplando un momento al trÃo de los jinetes.
En seguida se dio cuenta de la excitada alegrÃa de Leslie al ver a Beryl en brazos del vaquero.
—¡Oh, Sterl! ¿Verdad que es maravilloso el amor? —dijo con un suspiro, como entre sueños.
—Debe de serlo. Yo no puedo hablar por experiencia personal como puedes tú, evidentemente. Pero el amor verdadero ha de ser maravilloso.
—¡Aquél es verdadero, vaquero maldito! —estalló Leslie, arrancada a su dulce arrobamiento, haciendo adelantar su montura, que levantaba grandes chorros de agua.
Sterl avanzó perezosamente pensando con tristeza que aquel pequeño juego habÃa sido el primer incidente placentero, el primer relajamiento de la ruda tensión que se produjo en muchas semanas.
La caravana de Dann cubrió en cinco dÃas unas cincuenta millas de verdes llanuras sin que ninguna extensión, más corta o más larga, difiriese apreciablemente de otra. Su belleza perdÃa atracción, su invariabilidad irritaba los nervios, su monotonÃa se hacÃa insoportable.