Senda de héroes
Senda de héroes Con gran sorpresa de Sterl y no menos, ciertamente, de Red, Beryl se conformó sin hacer ninguna otra observación. Después, y como sin darle importancia, dijo a Red:
—Me sentirÃa más segura pasando contigo en Duke. ¡Es tan corpulento! Por otra parte, ya me has transportado otra vez.
Sterl saltó de la silla para ayudarla a subir delante de su compañero. Éste la rodeó por la cintura con el brazo izquierdo al par que Beryl pasaba su brazo derecho alrededor del cuello del vaquero. De cualquiera manera que Sterl se fijase en tal posición, se le antojaba que era un abrazo, aceptado de mala gana por parte de Red y sutilmente consentido por la de Beryl. La muchacha inclinó la cabeza hacia atrás con los ojos fijos en el vaquero.
—No durará mucho, Red —opinó Sterl como para animarle. Pero no querÃa decir el cruce del rÃo.
—No me importa lo que dure, con tal de que... —murmuró Beryl con un destello de su antigua audacia.
La reacción de Red fue tan natural como recóndita era la sinceridad. que encubrÃa.
—Adelante, Duke! —masculló—. ¡Acércate a ese hoyo profundo, húndete y no salgas jamás!