Senda de héroes
Senda de héroes El negro empezó a caminar hundiéndose primero hasta los tobillos, pero cuando hubo recorrido unas cuantas varas, empezó a hundirse más y más, tanto, que al fin el barro le llegó hasta la rodilla.
—Aun con la marea alta, la vacada tendrÃa que atravesar pisando el fondo, un trozo por lo menos junto a la orilla —observó Larry, muy serio—. Y las carretas, ¡vaya trabajo hacerlas cruzar por aquÃ!
—Ciertamente. Pero no es imposible —aseguró Red—. CortarÃamos troncos y ramas para construir una balsa. Sin embargo, este canal me hace perder el tino. ¿Qué dices tú, Sterl?
—Muchachos, aun sin la amenaza de los cocodrilos, que ha mencionado Friday, tendrÃamos aquà un trabajo de muerte. ¿Qué dimensiones alcanzan esos reptiles del Golfo, Larry?
—Hasta unos siete metros, me han dicho. Son capaces de romper la pierna de un hombre de un coletazo.
—Red, ¿cómo transportaremos a las chicas al otro lado?
—¡Ah, he ahà un tropiezo! Ahora estaba pensando en ello. ¡Si por lo menos tuviésemos un bote! ... Quizá podrÃamos construir una balsa, y en caso de apuro usarÃamos el fondo de nuestra carreta. Pero me pregunto si llegarÃamos a la otra parte.