Senda de héroes
Senda de héroes Los otros habÃan dejado a Eric sobre el suelo para que se recobrara. Sterl desmontó y cada vez que una cabeza o un cuerpo sumergÃa en la superficie, les enviaba un proyectil. Sin embargo, el ángulo era desfavorable y la mayorÃa pasaban silbando por encima del agua. Uno por uno, los caballos quedaron despojados de los tirantes y fueron arrastrados lejos hasta que desaparecieron en el fondo.
La pesada carreta habÃa quedado enderezada con el extremo posterior y las ruedas sumergidas. La marea iba descendiendo.
—¡Esto es un milagro desde cualquier punto de vista que se mire! —exclamó Stanley Dann—. ¡Como si mi deuda con usted no hubiese sido ya bastante grande, Red Krehl!
—¡Diablos, patrón! Lo mismo hoy que ayer, cuando la cosa ha tomado mal cariz, todos hemos hecho lo que hemos podido.
Durante la marea baja arrastraron la carreta de Ormiston fuera y la llevaron al campamento. Las chicas levantaron un gran clamor pidiendo que les explicaran la hazaña.
Red les contestó riendo, pero Sterl se la narró, no sin algún arreglo. El vaquero querÃa ver cómo los ojos de Beryl Dann denunciaban las emociones profundas e inmediatas de la muchacha.
—¡Por mi tÃo! ¡Si él te odiaba, Red!