Senda de héroes
Senda de héroes —Esto es cosa de nada, un trabajo sin importancia, Beryl —objetó éste—. ¡Vaya, con sólo que tú fueras como Duke! La muchacha no correspondió con igual humorismo.
—Yo no soy un caballo, Red. Soy una mujer.
—Cierto, ya lo sé. Lo que quiero decir es que cuando un corcel es magnÃfico, como Duke y pone su cariño en uno, es capaz de hacerlo todo por él—. Red se habÃa puesto serio a su vez.
—Yo morirÃa por Duke, Beryl, y estoy seguro de que él morirÃa por mÃ.
—Me gustarÃa que sintieras lo mismo por mi persona, Red Krehl —respondió ella con voz vibrante—. ¡Yo sà que serÃa capaz de morir por ti!
—Ea, tus anhelos...como tus ojos, y tu corazón, son demasiado grandes para ti, Beryl.
Leslie se desasió del cuello de Duke para mirar al vaquero.
Red, te doy mi caballo. Y tú puedes devolverme a Jester —dijo.
—¡Bien! ¡Maldita sea! ¡Leslie me has puesto el dedo en la llaga!
—Esto me hará feliz. Y a Beryl también.
Stanley Dann los interrumpió, ordenando a grandes voces:
—Cortad más troncos. Repararemos la ruta y pasaremos mi carreta antes de que muera el dÃa.