Senda de héroes
Senda de héroes —¿Quieres transportarme, tú, Red? —preguntó sencillamente. En sus ojos, sombrÃamente dilatados, se pintaba el terror.
—Sin duda, Beryl, pero ¿por qué? —preguntó el vaquero.
—Me sentirÃa más segura... y... y...
—Bien, ¡al diablo! ¡Sea! Pon el pie en el estribo. ¡Arriba! No, no, puedo tenerte de este modo, Beryl. Es preciso que montes a horcajadas. Ponte delante de mÃ. ¿Qué, Sterl, marchamos?
—Friday indica que es el momento —replicó su compañero con la cara contraÃda por una mueca—. Ponte a mi lado, por la parte opuesta a la corriente, Les. Larry, tú vete al lado de Red, cortándole el agua. Lo que importa es cruzar rápidamente.
Se internaron en el rÃo, adelantaron a los caballos de Slyter y a los jinetes, y al llegar al canal más profundo, los pechos de los corceles partieron el agua a nado. En aquel momento, Red, el de los ojos de lince, gritó:
—¡Compañeros, preparaos para un concierto de tiros! ¡Cierra los ojos, Beryl!