Senda de héroes
Senda de héroes Sterl le seguÃa con la mirada, lamentando haber dejado el rifle en el vehÃculo.
—Ponte detrás de mÃ, Leslie —advirtió a la chica—. No desfallezcas, l adelantaremos.
Sterl no disparaba porque no querÃa que el bruto se volviera a sumergir. Evidentemente, Red compartÃa el mismo pensamiento. Hizo que Duke se alejara en dirección oblicua a la ola que formaba el reptil nadando entre dos aguas y se inclinó adelante, tanto como pudo, con el revólver extendido. Su mano izquierda sostenÃa a la desmayada chica. En el momento preciso, espoleó a Duke, que en aquel mismo instante encontró el fondo y avanzó dando una gran embestida. El cocodrilo estaba a menos de seis pies de distancia cuando el vaquero descargó su revólver. Se oyó el chapoteo y los golpes de los proyectiles al dar contra el agua y el cuerpo del animal, sin que se viera ninguna que se desviara. El reptil saltó, saliendo parcialmente fuera del agua y formando un tremendo torbellino. Era un espectáculo fantasmagórico.
Sterl le metió en el cuerpo dos moscardones de plomo. El monstruo cayó y empezó a revolverse rodando sobre sà mismo al par que con su cola de diez pies de largo azotaba el agua que se cubrÃa de espuma.