Senda de héroes
Senda de héroes Pero el ruido de un chapoteo volvió a distraerle. Las dos parejas de animales tiraban de las cuerdas avanzando penosamente a través del barro. Entre ellos y la carreta los vaqueros colaboraban dando gritos y uniendo su esfuerzo al de los caballos. Sterl observó que el vehículo, aquel cuyas junturas había calafateado él, flotaba casi a ras del agua. La señora Slyter estaba detrás de su marido, apoyándose en el asiento, mientras éste se preparaba para volver a enganchar los caballos. Una vez la carreta fuera del cauce profundo, desataron garruchas y cuerdas, engancharon los animales y avisaron a Slyter que acababa de salir.
Sterl y Red siguieron la procesión cubierta de lodo que remontaba el margen.
Friday advirtió a Slyter y a Sterl:
—Yo creer ser mejor que el patrón esperar el sol. ¡Cocodrilos ser malos!
Slyter contestó con una mueca:
—Ahora no podemos detener a Dann. Todos los que tenéis que regresar, venid conmigo.
—Bien, si me lo preguntáis, diré que me parece que deberíamos cargar los revólveres masculló Red.