Senda de héroes
Senda de héroes —Bligh, no hallo dificultad en creerlo, gracias al cielo —contestó Stanley al cabo de unos instantes, con voz que iba ganando fuerza—. Lo resolveremos todo ahora mismo... Que alguno encienda un fuego para disipar estas odiosas sombras. Dejadme pensar un momento —y se puso a deambular con aire anonadado, arriba y abajo, fuera del cobertizo. Pasado un rato, se adelantó hacia ellos de cara a la luz. Era de nuevo el mismo hombre de siempre—. Escuchad todos —empezó con una voz que volvÃa a tener aquella magnÃfica y profunda resonancia—: Yo no puedo abandonar a mi hermano. Todo el que se quede aquà conmigo, deberá continuar la travesÃa cuando estemos en condiciones de seguir adelante. He exigido demasiado de todos vosotros. Me pesa haber sido egoÃsta, dominador, por haber andado equivocado. Beryl, hija mÃa, ¿te quedas?
En la respuesta de la joven no hubo la más ligera vacilación, y a Sterl le pareció que, al fin, se mostraba con la sangre y el espÃritu de su padre.
—¡Me quedo, papá! ¡No desesperes! ¡No todos te traicionaremos!
Una hermosa luz animaba el rostro grave del jefe cuando se dirigió a Leslie.
—Chiquilla, has tenido que hacerte mujer antes de tiempo. Tengo miedo de que tus padres influyan en tu decisión en este momento.