Senda de héroes
Senda de héroes —¡No volverÃa atrás ni para casarme con un gran duque! —replicó Leslie.
—Señora Slyter, su hija se ha hecho mayor, no cabe duda, en esta travesÃa —continuó Dann—. Pero todavÃa tendrá necesidad de una madre. ¿Se queda usted?
—¿Necesita preguntarlo, Stanley? Sea lo que sea lo que nos esté reservado, no puedo creer que resulte tan malo como lo que hemos sufrido —replicó la mujer con calma.
—¿Slyter?
—Stanley, yo organizaré la expedición y lucharé como los buenos hasta el fin.
—¡Hazelton! —exclamó Dann sin una sombra de duda. Su llamada no era pregunta.
—Estoy impaciente por seguir adelante —contestó Sterl. —¡Krehl!
El vaquero estaba encendiendo un cigarrillo con cierta torpeza, porque tenÃa a Beryl colgada del brazo. Antes de contestar lanzó una nube de humo que le ocultó el rostro.
—Bien, patrón —respondió arrastrando la voz—; es ciertamente un gran privilegio el que usted me ha concedido. ¡Ni más ni menos que la oportunidad de conocer a todo un hombre y batirme por él!
Larry, Rollie y Benson, casi al unÃsono, se apresuraron a ponerse bajo la bandera de Red.