Senda de héroes
Senda de héroes —¡Chisst! —Friday reclamó silencio. Si habÃa oÃdo algo, no indicó qué era ni dónde. Los vaqueros permanecieron de pie, inmóviles, rifle en mano, en la sombra del árbol. Friday puso la orea en tierra varias veces con un gesto notablemente similar al de los exploradores indios con quienes habÃan trabajado juntos. Con la claridad gris del alba, el fuego del campamento palidecÃa hasta convertirse en una llama vacilante —i Oler negros! —susurró de pronto. Igual que en el perro, el sentido más agudo del indÃgena radicaba en la nariz. Con ser él mismo un aborigen, su olfato percibÃa, sin embargo, la proximidad de los de su especie sobre la pradera.
Sterl se inclinó al oÃdo del indÃgena susurrando con voz áspera.
—¿Qué hacer?
—Creer ser mejor estar aquÃ.
—No consigo percibir el más leve olor —murmuré Red, —Yo me alegro de no percibirlo. Si lo notáramos, es que tendrÃamos a los aborÃgenes encima... Red, es mucho peor soportar esto que un ataque furtivo de los comanches.
—¡Chisst! —El negro apoyó su advertencia con un ademán. Los vaqueros permanecieron otra vez como estatuas.