Senda de héroes
Senda de héroes —Por allá —susurró Friday. Y con gran alivio de Sterl señaló un punto alejado del campamento. Pero, aunque el vaquero aguzara el oído con una atención dolorosa de tan extrema, no conseguía oír nada.
De pronto, el agorero y siniestro silencio se deshizo en un repicar de cascos. Sterl dio un salto como galvanizado.
—¡Un caballo espantado! Pero no es nada. Imagino que ha percibido el olor, como Friday —dijo Red en un murmullo.
Y otro breve galopar de cascos, sobre el terreno blando.
—He oído el relincho de un caballo —susurró Red con gran emoción.
Friday levantó la mano. Los acontecimientos estaban a punto de desencadenarse y Sterl acogía el hecho con un gozoso relajamiento de la tensión.
—¡Wang! Hendió velozmente el aire un sonido curioso, familiar, empero, y que Sterl no supo identificar. ¡Instantáneamente se sucedió el ruido peculiar de un proyectil penetrando en la carne! No podía haber sido una bala, porque no se oyó ninguna detonación. Y pegado al sonido aquel, llegó el gemido vibrante, horrendo, sobrenatural, de un caballo en las agonías de la muerte. Luego, un retumbar de cascos y el golpe de un cuerpo pesado al dar contra el suelo.