Senda de héroes
Senda de héroes Después oyó unos golpes débiles, casi imperceptibles, sobre la lona. ¡Oh! ¡Aquella engañosa treta de su fantasÃa! ¡El espectro del recuerdo de las noches de conducir ganado por las praderas natales, cuando yacÃa abrigado bajo la arpillera de la tienda oyendo el chocar de la cellisca, de la nieve, de la lluvia. ¡Éste era el sueño que le habÃa rondado allà en aquel maldito Never never Land! Pero del exterior llegó un tintineo de espuelas y las suaves pisadas de los pies desnudos de Friday.
Amigo...! ¡Amigo! ¡Despierta!
—Era la voz de Red, quebrándose entre sollozos.
—Estoy despierto ya, muchacho —respondió, entonces.
—¡Llueve..., Sterl...! ¡Beryl vivirá!
Durante diecinueve dÃas llovió, y, al principio, con gran fuerza. Antes de transcurrir la mitad de este tiempo, el lecho seco se convirtió en un riachuelo que corrÃa rápidamente. Y cuando el chubasco más fuerte menguó, las lluvias continuaron parte del dÃa y parte de la noche. A la mañana del vigésimo dÃa, después de la tormenta de polvo, los expedicionarios se levantaron para manifestar su alborozo ante un sol radiante y un campo maravillosamente cambiado.
—¡Adelante con nuestra travesÃa! —gritó con voz estruendosa Stanley Dann.