Senda de héroes
Senda de héroes —Bueno, si es por mi bien, no me insultes más. ¿Me abandonarÃas tú si yo estuviera en tu lugar y tú en el mÃo? Hablemos sinceramente, Sterl. Bien, ¿qué es lo que te remuerde la conciencia, pues?
—Perfectamente; dispénsame. Quédate conmigo, Red.¡Dios sabe cuánto te necesitaré...!
Chico, estamos llegando. Mira. Allá, cerca de aquel muro de la izquierda, viniendo del Oeste, hay un barco que va echando humo.
—¡Cielos! ¡De veras que se ve grande! Nunca contemplé ningún buque hasta que llegamos a San Francisco... Sidney será una verdadera gran ciudad, ¿eh?
—Una ciudad grandiosa, Red, pero voy a sacarte de ella muy pronto.
—Conforme, amigo. Mas ¿qué vamos a hacer? No conocemos otra cosa que caballos, fusiles y bueyes.
—He leÃdo que Australia está en vÃas de ser un gran paÃs ganadero.
—Si es asÃ, seguimos por buen camino —observó Red con satisfacción.