Senda de héroes
Senda de héroes —Fue una desgracia que Ormiston hubiese bebido —intervino—. Pero jurarÃa que el negro no merecÃa de ningún modo que le pegaran. Friday es el mejor indÃgena que he conocido: es honrado, leal y muy adicto a Leslie, porque la chica fue caritativa con su mujer cuando estaba en el lecho de muerte.
Avanzando un paso con la lentitud que le era peculiar en determinadas circunstancias, Red inquirió:
—Señor Dann, me gustarÃa preguntarle, sin intención de ofender, si no hay acá y acullá algunos ingleses que sean ni más ni menos que unos perfectos granujas.
—Los hay, vaquero, téngalo por seguro —contestó Dann con una franca carcajada que demostraba que hablaba con convicción.
—Bien, me satisface ver que lo admite. Si alguna vez encontré a un hombre ruin, ése es Ormiston. Quizá no habrÃa sido tan fácil descubrir su fondo a no ser por la bebida. No.
Ormiston no es ni mucho menos un hombre honrado... Y ha estado a punto de recibir su merecido.
—Dime, Hazelton —preguntó Dann, como pensando en voz alta; sus ojos ambarinos llenos de pequeños destellos movedizos—: si Ormiston hubiese hecho la acción de sacar el revólver, ¿cómo habrÃas reaccionado tú?
—Hubiera matado al insensato —declaró Sterl.
—¡Sin duda! ¿Te diste cuenta de que Ormiston iba armado?