Senda de héroes
Senda de héroes —No del todo. Pero no estaré mucho rato... en la ciudad —replicó ella con voz alterada e insegura. Después, montada en su caballo, con un estilo que a Sterl le recordaba el de los comanches, añadió—: Dadme unos cuantos paquetes.
Al entregárselos, éste le preguntó, mirándola fijamente: —Leslie, ¿estuvo usted presente?
—SÃ. Lo vi todo.
—Lo siento. AquÃ, como en todas partes, he tenido que dar un mal paso.
—¿Quién dice que fuera un mal paso? —replicó ella.
—Pero, Sterl..., ¿aprovechaste la oportunidad de herir a Ormiston por causa mÃa?
—Pues bien... Primero por la de Friday... y después por la suya. Sin embargo, hubiese intervenido igualmente sin que supiera nada de él o de usted. Yo soy asÃ, Leslie.
—Si eres asÃ, eres grande... Decir que sentà un escalofrÃo, no expresarÃa lo que experimenté cuando arremetiste contra él... Pero, después, cuando parecÃa que la querella terminarÃa a tiros, por poco me desmayo.
—AsÃ, pues, ¿es ésa la causa de que esté usted tan pálida? —observó Sterl esforzándose en dar a su voz un tono indiferente. Red cabalgaba delante a una distancia prudencial.
¿Estoy pálida?