Senda de héroes
Senda de héroes —¡Cielos, asegurarÃa que he perdido la cabeza! ... FÃjate: estaba aquÃ, en la tienda, cuando alguien prorrumpió en la carcajada más retumbante que hayas oÃdo nunca. «¿Quién demonios se rÃe de mÃ?», grité hecho una furia. SÃ, amigo, nunca escuchaste carcajada tal, que de tan sonora parecÃa el rebuzno de un asno. Cuando el pÃcaro bribón hubo terminado, salà para encararme con él, y no vi a nadie. Al cabo de un momento distinguà un gran pájaro pardo y blanco posado ahà arriba mismo, en aquella rama. Al verme, inclinó la cabeza a un lado y me miró con unos ojos negros, diabólicos, como si dijera: «Ahà tenemos a uno de esos fastidiosos yanquis»... Si no fue el pájaro ese el que lanzó aquella carcajada de asno, entonces es que tu amigo se ha vuelto de golpe loco de remate.
—Subamos a preguntar a Leslie.
Por el camino, bajo los zarzos, la encontraron. La pasión con que Red explicaba el pasmoso percance que le habÃa ocurrido provocó en la muchacha una hilaridad incontenible.
—¡Oh! ¡Oh! Era Jack —dijo ahogándose de risa.
—¿Qué Jack? —Mi cocaburra favorito. ¡Oh, Red! ... ¡Mi garañón reidor!
—Bien, yo me figuraba que podÃa ser perfectamente una hiena reidora. Pero ese coca...
no sé cuántos, favorito, me ha pisado el callo a mÃ.