Senda de héroes
Senda de héroes Al cowboy en su divagación no le pasó por alto Beryl, la de la hermosa cabellera, azules ojos y cabeza orgullosamente erguida. Leslie resultaba atrayente en muchos aspectos, pero el encanto que poseía y que él encontraba vagamente dulce e inquietante nacía del atractivo, completamente inconsciente para la muchacha, que a su vez ejercía Sterl sobre ella.
Bien, ya se encontraba de nuevo en el campo, otra vez en contacto con la Naturaleza, sin amaños, a punto de tomar parte en aquella increíble exploración. Esto era todo lo que le quedaba en la vida: la lucha agotadora del hombre con la Naturaleza. El muchacho no aceptaba que pudiera establecerse ninguna relación duradera entre él y esa gente blanca que por el momento le necesitaba.
Cuando regresó a la tienda encontró a Red sentado delante de la entrada, profundamente atento y solemne. Ni siquiera le había oído acercarse.
—Amigo, ¿no has oído nada? le preguntó de pronto casi con un susurro.
—¿Oír? ¿Cuándo?
—Hace exactamente un minuto..., quizá más. No puedo precisar. Estoy hecho un mentecato... Oye, ¿bebí algo en la ciudad?
—Afirmaría que no.