Senda de héroes
Senda de héroes Sterl trasladó su atención al indígena. Era un tipo con su buen 1,80 metros de altura, esbelto, musculoso, negro como el ébano. Su oscuro rostro mostraba una inescrutable dignidad. Llevaba un sencillo paño atado a la cintura. Sterl se le acercó, le dio un golpecito sobre el ancho pecho y le preguntó en tono amistoso:
¿Sufrió mucho daño, Friday?
El nativo demostró haberle comprendido, pues contestó con una mueca y moviendo la cabeza negativamente.
—Leslie, pídale que nos acompañe en la travesía.
La muchacha se dirigió al negro con un lento ademán que quería indicar una distancia inmensa hacia el interior.
—Friday, el hombre blanco querer que tú vayas con él, lejos, lejos, lejos, hacia allá.
El nativo fijó sus grandes ojos, negros, insondables, sobre el muchacho.
—Hombre blanco haber venido de un lejano país de allí, del otro lado del agua grande —explicó Sterl señalando hacia el Este y hablando como si se dirigiera a un indio—. Él necesitar de Friday..., seguir el rastro de caballos..., cazar carne..., luchar..., decir dónde conducen los senderos.
El indígena replicó sencillamente:
—El negro ir contigo.
Leslie se puso a palmotear, exclamando.