Senda de héroes
Senda de héroes Brisbane será su puerto de destino. Buena suerte, muchachos.
Sterl hizo rumbo hacia la orilla, donde estaba anclado el buque indicado, que constituía el centro de la febril actividad de los cargadores, y adquirió pasaje para Brisbane.
Al despertar, a la mañana siguiente, los dos camaradas vieron que el barco seguía su ruta a menos de cinco millas de la costa, notable por su pintoresco aspecto, sobre un mar apaciguado. Y mientras él y su amigo se inclinaban sobre la baranda del vapor para contemplar la playa engalanada por una franja de blanca espuma que se extendía de Norte a Sur por espacio de leguas y leguas, y las colinas, que a medida que se internaban tierra adentro alzaban sus lomas hasta confundirse con las altas cordilleras, Sterl presintió que, más allá de aquellas sierras empañadas que le atraían, le esperaba quizá la mayor aventura de su vida.
—¡Maldita sea! —refunfuñaba Red en aquel momento—. ¡Quisiera convencerme de que no es cierto, mas no lo consigo! ¡Cielos, amigo, éste es un gran país! Me duele tener que confesarlo, pero ni Texas puede resistir la comparación.
Los marineros se mostraban amistosos y comunicativos..
En la tarde del segundo día, el patrón, un lobo de mar de los buenos, les invitó a subir al puente. Sterl aprovechó la ocasión para explicarle sus proyectos.