Sombreros gemelos

Sombreros gemelos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Había mucha oscuridad en el interior y un olor a sequedad. Brazos despojó al caballo de la brida y de la silla, lo dejó en libertad, trasladó su equipaje al interior y lo depositó sobre el suelo. Luego se registró los bolsillos de cerillas. No tenía ninguna; después anduvo por la habitación con los brazos extendidos hasta que tropezó con un banco hecho de leños. Este banco, cubierto con las mantas de montar, constituiría para él un lecho mejor que a los que últimamente se había acostumbrado. Finalmente, se acercó a la puerta y la cerró. El caballo estaba comiendo hierba en las cercanías. El cielo se había cubierto de nubes oscuras, y el aire frío se había moderado. A Brazos le pareció advertir en él un aroma de lluvia o de nieve. Los coyotes aullaban; unas cuantas hojas secas se arrastraban por el suelo; la negra melancolía del campo semejaba envolver la casucha. A Brazos no le agradaban el lugar, ni la noche, ni aquella desconocida opresión. Pero ¿cuántas veces se había encontrado en aquel mismo estado de ánimo? Se encaminó de nuevo hacia el banco donde, desalentado y hambriento, demasiado descorazonado para que se preocupase de lo que pudiera suceder, excesivamente cansado para continuar pensando, se tumbó y se durmió.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker