Sombreros gemelos
Sombreros gemelos —¡Qué hombre más arisco! —se dijo Brazos meditativamente—. QuerÃa tener la seguridad de que soy forastero. ¿Por qué?, me pregunto. Y si no evitó que uno de los otros hombres hiciera un disparo contra mÃ... Bien, entonces soy capaz de comerme el sombrero... Y aquello que oà decir con tanta claridad: «Pero, Bard, no quiero correr el riesgo...» Aquello fue un anuncio de su intención. Aquel hombre iba a dispararme un tiro. ¿A qué no querÃa arriesgarse? Seguramente a que yo pudiera acercarme a ellos. ¡Maldición! Pero habÃa estado tentando la botella. En su voz percibà que habÃa un temblor de alcohol. Y es inútil pretender formarse una idea de lo que habrÃa sido capaz de hacer.
Brazos intentó borrar el incidente de la imaginación. Desmontó, y condujo su caballo hacia el grupo de árboles. Una larga hierba amarillenta de la última temporada abundaba muchÃsimo en aquel lugar, con lo que Brazos se libró de preocupaciones respecto a su montura; la casucha estaba muy cerca, y Brazos miró a través de la abertura de la puerta.