Sombreros gemelos
Sombreros gemelos El alba se acercaba. A través de la ventana, Brazos pudo discernir el pálido azul del cielo. En apariencia el tiempo se había aclarado. Pero de repente... ¡tic..., tic..., tic...! Las gotas de agua eran gruesas, caían lentamente y se ensanchaban al chocar contra el suelo de la casucha, en la que ya había la luz suficiente para que pudiera distinguirse una escalera que conducía al desván. La vieja chimenea amarillenta y el hogar recobraron su forma. ¡Qué sombría y qué tranquila era aquella estancia encuadrada por sus paredes de madera! Brazos se preguntó qué habría sucedido allí. Pero esto no tenía mucha importancia, puesto que no es posible hallar en el Oeste una choza de madera que no tenga su historia, la mayor parte de la cual suele ser negra, violenta y sangrienta.