Sombreros gemelos
Sombreros gemelos Un momento más tarde, únicamente unos cuantos metros se interponÃan entre el ranchero y Brazos. Para Brazos, aquello constituÃa sólo uno de esos encuentros de que estaba llena su vida. Y puso sobre Surface la mirada, que hasta entonces se habÃa entretenido en la contemplación de las dos mujeres, la mayor de las cuales tenÃa el cabello tan rojo como una llama, el rostro sorprendentemente hermoso y unos ojos gris azulados que se hallaban dilatados por el horror.
—¿Quién eres? —preguntó Surface con intensa curiosidad, en la cual no habÃa ni un ápice de simpatÃa.
Brazos miró largamente al ranchero. Uno de los dones que el vaquero poseÃa con más potencia era una perspicacia muy grande, casi sobrehumana. Ya habÃa pasado el tiempo de su accidentada existencia en que solÃa desconfiar de tan peculiar facultad. Surface estaba incluido en la categorÃa de los hombres occidentales que habÃan dejado de pertenecer hacÃa mucho tiempo a la clase de los colonizadores de corazón abierto, ojos de águila y rostro franco a quienes Brazos reverenciaba.
—Eso es cosa que a usted no le importa —contestó Brazos frÃamente.
—Vaquero, soy Raine Surface, y me importa todo lo que se relacione con esta región —replicó el ranchero, que estaba ostensiblemente irritado.
—Lo supongo. ¿Es un compinche de usted este fanfarrón Bodkin?