Sombreros gemelos
Sombreros gemelos —¡Diablos...! Oiga una acusación que no podrá negar. Yo estaba en la habitación inmediata a la de usted en casa de Hailey. Hice un agujero en la pared. Oí que usted llegaba a medianoche acompañado de dos hombres. Uno de ellos era ese Brad, a quien he matado hace unos momentos..., y oí su conversación. Hablaron ustedes acerca del fracaso de Brad para conseguir que Panhandle Ruckfall, el asesino, viniera a matarme... Acerca del oro que Syvertsen robó a Neece y entregó a Surface... ¡Ah! ¡Comienza usted a recobrar la memoria, Bodkin, viejo amigo...! Acerca de cómo esperaba usted que se le eligiera sheriff... y, finalmente, acerca de la afirmación del tercer hombre de los que aquella noche..., uno cuyo nombre no se pronunció..., que decía que los ganaderos de esta región estaban despertando, y que él iba a marcharse a toda prisa.
La evidencia de su culpabilidad se sobrepuso al temor y a la angustia que se reflejaban en el rostro de Bodkin.
—Ahora, ¿quiere usted sacar el revólver? —añadió Brazos burlonamente.
—¡No...! ¡Vaquero rabioso!