Sombreros gemelos
Sombreros gemelos ¡Crash! Brazos disparó un tiro contra la otra pierna de Bodkin. Sin embargo, el sheriff tampoco cayó al suelo. Y no exhaló un nuevo grito. Se dobló un poco, hasta que la rodilla que tenía apoyada en la silla le sostuvo, y luego la horrible expresión se desvaneció de su rostro, en el que se reflejó con toda evidencia el temor de su próxima muerte y un oscuro deseo de arrastrar consigo a su implacable enemigo. Soltó la silla y buscó con la mano derecha el revólver. Brazos le permitió elevarlo; y, entonces, saltó a un lado y disparó. El arma de Bodkin vomitó fuego tan inmediatamente a la de Brazos, que los dos disparos parecieron uno solo. Pero el proyectil de Bodkin se perdió después de cruzar la ventana, mientras que el de Brazos se clavaba en su objetivo. Bodkin cayó sobre la silla, con los brazos colgantes, la cabeza inclinada; y en el mismo instante en que aflojaba la presión que su mano ejercía sobre el revólver, cayó al suelo con un golpe seco.
Luego, el vaquero se encaró con el variado grupo de hombres que se habían reunido en torno a Bodkin como invitados suyos. Ninguno de ellos hizo movimiento alguno. Todos permanecían inmóviles, como petrificados.