Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Era de noche cuando regresó a la cabaña, Logan desensilló y descargó a Buck y lo puso en libertad. Después colocó la carne sobre el montón de madera. Y más tarde entró precipitadamente en la cabaña, donde por primera vez ardía un fuego de gavillas en la chimenea, y había peroles humeantes en el hogar. Y el pálido y lindo rostro de Lucinda le forzó a abstenerse de lanzar un grito de alegría.
—¿Qué crees que sucede, esposa? —comenzó diciendo acaloradamente y con el rostro enrojecido—. He hallado la víctima de un puma. ¡Una de nuestras vaquillas! El maldito felino se ha comido el hígado... Estoy seguro de que habrá matado alguna más... ¿Por qué diablos no se limitan esos animales a comer su carne de venado? Pero cuando comienza a caer la nieve quieren, también, carne de vaca... ¡Por Satanás! ¡Lo mataré! He aquí una ocasión de emplear a tu perra. Coyote podrá descubrir al puma en el caso de que yo no lo logre... Luce, los pumas y los lobos son la peste de los ganaderos de los terrenos deshabitados. Lo sabía antes de ahora; pero no quise hacer caso de las advertencias... Y ahora lo he visto... ¡y la guerra ha sido declarada contra esos comedores de carne!
Lucinda lo miró con lo que parecía sorpresa y compasión.