Una Mujer indomable
Una Mujer indomable —¡Querido esposo! ¿Ha servido eso para demostrarte lo terrible de nuestra prueba Yo lo sabÃa desde que llegamos aquÃ. He sabido la amenaza que representa. ¡Tú vencerás todos los obstáculos!
—¡Bien..., bendito sea tu corazón! —exclamó Huett en tanto que aproximaba las grandes manos al fuego. Experimentaba sorpresa, vergüenza y algo más que no le era posible aprehender—. Es cierto, tienes razón... No es nada... Pero, ¡qué hermoso es percibir el calor del fuego..., oler ese guisado..., verte aquÃ...!
Â