Una Mujer indomable
Una Mujer indomable De todos modos, Lucinda pensó que las cosas recobraban una tranquilizadora normalidad. Pasarían seis meses antes de que Logan volviera a separarse de ella, en la próxima primavera. Seis meses que transcurrirían sin el opresivo temor a la soledad que había gravitado sobre ella con tanta fuerza.
Y nuevamente se sintió joven y feliz; y su amor por Logan desbordóse de su corazón.
Cuando hubo subido la pendiente que conducía a la cabaña, vio los muchos montones de enormes patatas que brillaban a la luz del sol... Aquel inesperado caso de buena suerte, así como el resto de los trabajos que ella había realizado, arrancarían a Logan unas exageradas manifestaciones de alegría.
Acalorada y ahogada, Lucinda entró en la casa para colocar al dormido nene en la cestita.
Repentinamente, oyó un sonido que se producía en el exterior. ¡Un paso apagado! ¿Podría haber sido Coyote? Quiso correr hacia la puerta, mas algo reprimió el rápido movimiento iniciado. Y desde donde se hallaba pudo ver diversos caballitos de largas crines. Sobre dos de ellos se instalaban unos jinetes. ¡Unos jinetes delgados, de rostro oscuro, de aspecto salvaje! Eran indios. Y en aquel instante, un indio alto avanzó unos pasos para enfrentarse con ella.