Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Un animal flaco, de ojos que parecían encendidos de un fuego verdoso, saltó hacia la abertura y consiguió pasar medio cuerpo por ella antes de que Lucinda le clavase la horquilla. El animal gruñó amenazadoramente y rechinó los dientes contra el hierro antes de caer de lomos. La conmoción que aquello le produjo fue casi suficiente para que Lucinda desfalleciese; mas consiguió reponerse al ver que otro de los animales saltaba del mismo modo que el primero. Lucinda le dio un potente golpe que le obligó a lanzar un rugido terrible. Pero Abe no tenía fuerza suficiente para cerrar el portillo.
Lucinda apoyó en él el hombro, mientras mantenía a baja altura la horquilla, y empujó con toda la fuerza. La puerta se cerró, no siendo por el grueso del mango de la herramienta, que quedó aprisionada. Entonces, otra bestia más grande que las anteriores, de un color gris y pechera negra, saltó y acometió a George. El chiquillo lanzó un grito y cayó al interior del encerradero. En aquel instante, Lucinda logró sacar de la abertura la horquilla y cerró el portillo.
Y mientras se agitaba temerosamente, vacilante y empavorecida, dijo con voz angustiosa:
—¡Gracias a Dios... por haber construido Logan... esta cerca!