Una Mujer indomable
Una Mujer indomable —Grant, trae una pareja de leños de roble y algunas piñas —dijo Logan mientras iba en busca de la pipa y la tabaquera. Llenó la pipa, la encendió con una roja ascua y se dejó caer en el sillón que él mismo habÃa construido, mientras exhalaba un suspiro—. ¡Maldición! Al fin, la nieve, y el invierno presentes... ¡Encerrados hasta la primavera! Nunca me ha disgustado menos esa circunstancia. Me parece que el trato que hice con la viuda de Steadman para alimentar a su manada a condición de que me ceda la mitad de las utilidades influye mucho en mi estado de ánimo.
—Papá, tendrás que marcar sus terneras —dijo George.
—Solamente la mitad de ellas, hijo.
—Creo que ha sido un buen trato de negocios, papá —continuó George—.
Eso te asegura que dispondrás para la primavera próxima de dos docenas de terneras, o acaso más. Seguramente la cantidad aumentará muy pronto...
¿Qué podrá detener ahora nuestro progreso?
—Juré en cierta ocasión que nada podrÃa detenerlo. Pero los años me han hecho ser más cauto... Creo que solamente los ladrones podrÃan hacerlo.
—Ladrones...! No eres suficientemente astuto, papá... SerÃa necesaria la presencia de una cuadrilla muy numerosa de ladrones muy atrevidos para que pudiéramos sufrir grandes perjuicios.