Una Mujer indomable
Una Mujer indomable —Te escucho, hijo. Hablas con mucho convencimiento. Pero ¿de qué modo has llegado a esa conclusión?
—No es posible que haya una cuadrilla de ladrones que tenga el valor suficiente para seguir la carretera y pasar por aquà ante nuestras propias narices. Para llevarse las reses, serÃa preciso que los ladrones abrieran un hueco en una de las aberturas que tú cerraste con cercas. No creo que sea provechoso para ellos el llevarse algunas reses jóvenes por ese procedimiento. Verdaderamente, ni siquiera podrÃais hacerlo. Pero si lo hicieran... Bien, no hay duda de que Abe seguirÃa sus huellas. Las cosas presentarÃan un carácter muy malo para ellos, papá.
—Es de suponer —contestó concisamente Logan—. Y también malo para nosotros.
—No opino del mismo modo. Nosotros los seguirÃamos hasta el campamento o la cabaña en que se hallasen, nos asegurarÃamos de que tenÃan nuestras reses... y luego dispararÃamos antes de hablar... Papá, he oÃdo algunas insinuaciones veladas respecto a los Campbell. Ya sabes que en estos terrenos boscosos donde hay humo es porque hay fuego... Te lo habrÃa dicho antes, si no hubiera sido porque..., bueno, porque estaba loco por Mil Campbell.
Y habrÃa sido lo suficientemente tonto como para dejarme llevar por ella, si Jack no la hubiera descubierto.