Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Bárbara, demos tiempo al tiempo. No permitas que Grant o George te encolericen, te hagan perder la paciencia. Todos tenemos ante nosotros una gran labor que realizar: el reunir esa ganadería de treinta mil cabezas de reses que tan vehementemente anhela papá poseer. Sé que podré trabajar más y mejor, convertirme en un hombre mejor y más digno si me asiste la esperanza de poder ganarte para mí en el tiempo venidero... Yo te encontré aquel lejano día. Pero recuerdo, Bárbara, lo recuerdo perfectamente..., recuerdo tus rodillas despellejadas, tu sucio vestido, tus mejillas húmedas por efecto e las lágrimas, tus tristes ojos... ¡Y solamente tenía tres años entonces...! No te sientas desgraciada, querida. Sin duda, estaba escrito que había de suceder... Es posible que hayas venido para salvar a los Huett.
El corazón de Lucinda se agitaba dolorosamente en el fondo de su pecho. ¡Cómo se emocionó la mujer al comprobar el modo elocuente como, por una vez, se expresaba Abe, que generalmente era un muchacho silencioso, el modo como demostraba su lealtad, su espíritu de justicia, su masculinidad, su profundo amor por. Bárbara y todos los demás! Siempre había creído que Abe era el más indicado para esposo de Bárbara; y siempre había constituido la realización de este pensamiento su anhelo más querido.