Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Pero el Desfiladero de los Patos, de doble extensión que el otro, con sus jugosos pastos, se convirtió en una maldición para los Huett. El «Sicómoro»
habría representado suficiente trabajo para un hombre acompañado de sus tres hijos que quisiera cuidarla; pero habían emprendido la tarea de cuidar de los dos, y no desfallecerían jamás. A pesar de los continuos robos de reses por parte de los ladrones, los cuatreros y los caballistas sin trabajo ni domicilio, la manada del Desfiladero de los Patos había aumentado. Unas cuantas reses descarriadas que eran conducidas al interior del bosque, una manada de terneras jóvenes separadas del resto y arrebatadas por la noche a través de alguna de las innumerables grietas imposibles de cerrar; o algún ataque durante el día cuando los Huett se encontraban a varias millas de distancia y realizado por alguna cuadrilla de ladrones decididos..., todo esto impidió que la ganadería del Desfiladero de los Patos igualase en número a la del «Sicómoro». Y esto afectó a Logan año tras año, hasta que tomó la firme resolución de mostrarse implacable con los ladrones que le impedían alcanzar la meta que había soñado.
Papá, eres corto de vista y testarudo —decía George repetidamente—.
Vendamos las reses del Desfiladero de los Patos.
—Todavía no —replicaba obstinadamente Huett por centésima vez.