Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Bien, entonces, no prestemos atención a esos ladrones de pocas ambiciones; pero persigamos a las cuadrillas que realizan robos de importancia una vez cada año. No deben de tardar en presentarse... La última vez se llevaron trescientas cabezas. Cada vez que vienen, se llevan un número mayor de reses.
—No es disparatada la proposición —reconoció hoscamente Logan—. ¿De qué modo piensas proceder?
—Abe dice que podremos acampar allÃ, ocultarnos y vigilar.
—Y ¿dejar solas a Bárbara y Lucinda? ¡No!
—Uno de nosotros irá a la casa todas las noches.
—Eso serÃa más práctico. Pero ¿qué me dices acerca de los restantes trabajos?
—Tendrán que esperar a que consigamos espantar o matar a los hombres de esa cuadrilla.
—¡ja! Lo primero que tendrÃamos que hacer seria sorprenderlos.
—Abe dice que tienen un punto de observación en alguno de los picachos o en el borde de la ladera. Nos vigilan. Luego, cuando nos vamos, realizan el ataque.
—Entonces, ¿de qué nos servirá el acampar en las cercanÃas del desfiladero? SerÃa preferible que vosotros, los jóvenes, fingierais qué os encaminabais a la ciudad y que volvieseis atrás cuando llegase la noche; y al dÃa siguiente, antes del amanecer, irÃamos a ocultarnos en el desfiladero.