Una Mujer indomable
Una Mujer indomable También este proyecto resultó ineficaz para sorprender a los astutos ladrones, asà como fracasó el intento de ocultarse en el desfiladero. Tan pronto como los Huett hubieron iniciado la necesaria labor de la recolección, los ladrones se apoderaron de la mayor cantidad de reses que hasta entonces arrebataran a Logan. Abe informó de la pérdida a su padre y manifestó que el robo se habÃa cometido dos dÃas antes. Una ancha huella habÃa sido marcada en el polvo por la numerosa manada que habÃa sido conducida hacia el Tonto.
—Vende esa manada del Desfiladero de los Patos si no quieres verla desvanecerse ante tus propios ojos —advirtió George Huett al indignado ranchero.
—Papá, tengo el presentimiento de que esa cuadrilla volverá a presentarse aquà —dijo meditativamente Abe. —Debe de tener un mercado seguro para las reses que roba.
—¡Seguro! En el caso de que siguiéramos a los ladrones y reconociésemos todas las reses robadas, ¿qué podrÃamos hacer? —replicó George—. No tenemos marca propia. Somos un objetivo conveniente para esos buharros.
—Muchachos, hubo un tiempo en que nuestras pérdidas eran menos valiosas que lo que nos habrÃa costado contratar a una docena de caballistas. Pero aquellos dÃas han pasado ya. Mi método no ha resistido la prueba de los años..., lo reconozco. De todos modos, no cambiaré.