Una Mujer indomable
Una Mujer indomable —SerÃa más prudente rendirse a la evidencia. Vender o contratar caballistas. No hay otra solución —dijo George.
¿Rendirse? ¡No, diablos...! Grant, ¿opinas del mismo modo que George?
—SÃ, papá. Me duele tener que ponerme frente a ti. Ninguno de nosotros lo ha hecho jamás. Pero las circunstancias actuales son demasiado duras de soportar... Es posible que nunca hayas pensado que nosotros, los jóvenes, necesitamos dinero. jamás nos das dinero. Y seguramente hemos ganado unos salarios, si no algo más... Bien; podrÃas vender esa manada del Desfiladero de los Patos a treinta dólares la cabeza. ¡Casi doscientos mil dólares...! Todos serÃamos ricos y todavÃa seguirÃas poseyendo la ganaderÃa del Desfiladero del Sicómoro.
La sorprendente firmeza del más joven de los Huett, que siempre habÃa sido el menos enérgico de los hermanos, dolió profundamente a Logan y ocasionó una de las pocas disputas que el padre habÃa tenido con sus hijos.
La discusión no terminó allÃ. George y Grant informaron a su madre y a Bárbara. Cuando, con gran consternación de Logan, las mujeres se alinearon frente a él, por primera vez en alguna cuestión importante, descubrió dudas ofensivas respecto a él, respecto a su incambiable pasión y voluntad. Discutió, gritó, se indignó, y todo fue inútil. Estaba equivocado.