Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Ninguno de nosotros, ni seguramente ninguno de los compradores de ganados, sabÃa exactamente el precio actual... Las reses han subido a cuarenta dólares y el precio continúa subiendo.
—¿Que os habÃa dicho? —exclamó Huett saliendo repentinamente de su indolencia—. ¡Yo lo habÃa supuesto! Quise abstenerme de vender durante un año más... ¡Ojalá lo hubiera hecho!
—Es demasiado tarde. Pero hay algo importante: el precio del ganado no bajará en muchos años...
—¡Ah! Demasiado tarde para mÃ... por más de una razón.
—¡Ah, no! Logan, tú eres más joven que yo..., que todavÃa me afano —dilo Holbert con vehemencia—. Tú conoces la crÃa de ganados. Hace veinticinco años, yo era rico. Después, fui pobre por espacio de veinte. Ahora, con los precios elevados y una manada floreciente, no estoy en mala posición.
—i Quién sabe, Logan! —añadió Al Doyle—. Nunca Puede saberse lo que ha de suceder... Pero supongo que la conversación acerca de ganado debe entristecerte. De modo que la abandonaremos.
—Muchas gracias, Al. Hay algunas palabras que no desearÃa volver a oÃr durante el resto de mi vida. Son: ganado, dinero, Gobierno y guerra.