Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Logan se sentó pesadamente y retiró la mirada del rostro de Lucinda para no tener que sufrir la ansiedad que en ella habÃa. Lucinda se acercó y Logan apretó la cabeza contra la suya.
—Me alegro de que hayas vuelto —dijo ella—. Tenemos que hablar sobre algo muy grave... ¿Querrás llevarnos de nuevo al «Sicómoro»?
Una aguda hoja de acero no habrÃa podido hacer que Logan se estremeciera más violentamente. ¡Cuán terriblemente le dolió la pregunta!
Pero Logan se limitó / preguntar a su esposa por qué lo deseaba.
—Hay muchas razones. Allà podremos ganarnos la vida. Estaremos lejos de este ambiente de guerra, de este cúmulo de noticias bélicas que nos acosa dÃa y noche... ¡Otra vez en nuestro desfiladero...! Podré cultivar de nuevo un huerto. Y tú podrás trabajar como agricultor. Allà no hace tanto frÃo como aquÃ. Estamos casi helados... Y creo que Bárbara estará mejor allÃ. Y el nene podrá desarrollarse...
—¡El nene!
—SÃ, el niño de Bárbara. Un niño hermoso, como Abe. Pero no tan negro como él. Y tiene los mismos ojos de Bárbara.
—¡Ah! HabÃa olvidado a Bárbara... La habÃa olvidado... ¡El hijo de Abe...!