Una Mujer indomable
Una Mujer indomable ¿No es una delicia...? Luce, con eso resulta que soy abuelo.
—Logan, creo que ya era hora... ¿Querrás volver a llevarnos allá?
—Lo haré, Lucinda —contestó Logan, cuya imaginación se llenaba de ideas prácticas—. Es una buena idea... Habremos de vivir en algún sitio... Es posible que no nos duela mucho... el tener que volver al «Sicómoro». Veamos, Hardy tiene mi carro. Mis caballos andan sueltos en los campos de Doyle.
Podremos comprar aquà lo que necesitemos, cargar lo que sea nuestro... Y adquirir subsistencias... ¡Subsistencias! ¡Dios mÃo! ¿En qué te hace pensar eso, Lucinda...? ¿Cómo andamos de dinero?
—Tengo poco más de un millar de los dólares que me dejaste.
Huett sacó el libro de cheques y miró el saldo.
—Yo tengo lo mismo aproximadamente. ¡Ja! Eso es una fortuna para unos colonizadores... ¿Cuándo querrás que...?
Una canción penetrante, dulce, arrulladora, interrumpió a Logan. Una canción que parecÃa modulada con voz de niño pequeñito..
—¿Es... el nene? —preguntó conmovido Logan.
—No, querido. Es Bárbara... Canta continuamente durante la mayor parte del dÃa... ¿No sabes...? La pobre ha perdido la razón.